Un trastorno que aprendimos a mirar solo en niños
Durante décadas, la imagen del TDAH fue la de un **niño** que no para quieto, interrumpe y salta de la silla. Esa imagen no salió de la nada: los primeros estudios y criterios clínicos se construyeron sobre todo observando a **varones**.
El problema es que esa foto dejó fuera a muchas personas. En especial, a **niñas y mujeres** cuyo TDAH se expresa de otra forma, más silenciosa y menos molesta para el entorno.
Si de pequeña no dabas guerra, sacabas notas aceptables y «solo» estabas siempre en las nubes, es fácil que nadie pensara en TDAH. Pero eso no significa que no lo tuvieras.
Por qué se presenta distinto
En términos generales, el TDAH tiene tres formas de expresarse: más **inatenta**, más **hiperactiva-impulsiva**, o una **combinación** de ambas.
En niñas y mujeres **suele predominar** la presentación inatenta. Y la inatención es justamente la cara del TDAH que menos se ve desde fuera.
Además, cuando aparece hiperactividad, con frecuencia es más **interna**: no tanto correr o trepar, sino una mente acelerada, dificultad para relajarse, hablar mucho o sentir una inquietud constante que no se ve.
El enmascaramiento: sobrevivir disimulando
Aquí entra un fenómeno clave: el **enmascaramiento** (a veces llamado *masking*).
Muchas niñas aprenden pronto que se espera de ellas que sean **ordenadas, aplicadas y complacientes**. Así que compensan sus dificultades con un esfuerzo enorme.
Repasan diez veces lo que otros repasan una. Se quedan hasta tarde para terminar lo que no lograron concentrarse en hacer de día. Se disculpan sin parar por despistes.
Desde fuera, funcionan. Por dentro, están **agotadas**.
Ese esfuerzo por encajar hace que el TDAH quede oculto justo para quienes deberían detectarlo: familia, profesorado y, a veces, los propios profesionales.
Los sesgos que retrasan el diagnóstico
No todo depende de cómo se manifieste el TDAH. También influye **cómo lo interpretamos**.
Cuando un niño se mueve mucho, pensamos «quizá sea TDAH». Cuando una niña se distrae, tendemos a decir que es **despistada, vaga o soñadora**. La misma dificultad, etiquetas distintas.
A esto se suman síntomas que se **confunden** con otras cosas. La desregulación emocional, la ansiedad o el ánimo bajo que acompañan al TDAH pueden interpretarse solo como **ansiedad o depresión**, sin buscar qué hay debajo.
Señales que suelen pasar desapercibidas
Ninguna señal aislada confirma un TDAH, pero hay patrones que, mantenidos en el tiempo y en distintos contextos, **conviene mirar con atención**:
– Sensación de ir siempre **a contrarreloj**, aunque te esfuerces el doble que los demás.
– **Despistes** frecuentes: olvidos, objetos perdidos, citas que se escapan.
– Dificultad para **empezar** o **terminar** tareas, sobre todo las aburridas o largas.
– **Desorganización** que arrastras desde siempre, con la casa o la agenda.
– **Hiperfoco**: capacidad de engancharte muchísimo a lo que te interesa, y de «desaparecer» del resto.
– **Fatiga mental** y sensación de que gestionar el día a día te cuesta más de lo que «debería».
– Emociones **intensas** y difíciles de regular, o una gran sensibilidad al rechazo.
Muchas mujeres describen que, al leer esta lista, sienten alivio: por fin hay un marco que **explica** años de experiencias sueltas.
Por qué muchas llegan de adultas
Con frecuencia, el diagnóstico llega cuando las **estrategias de compensación dejan de dar abasto**.
La universidad, un trabajo exigente, la independencia, la maternidad o el cuidado de otros multiplican las tareas de organización. La fachada que antes aguantaba, se **resquebraja**.
También pesan los **cambios hormonales**. Muchas mujeres notan que sus dificultades fluctúan a lo largo del ciclo, tras el parto o en la perimenopausia, etapas en las que los síntomas pueden **acentuarse**.
Y hay un camino cada vez más habitual: **descubrirlo a través de un hijo o hija**. Al acompañar su proceso, muchas madres se reconocen en los síntomas y buscan, por fin, su propia respuesta.
Llegar tarde también sirve
Descubrir el TDAH de adulta puede remover muchas cosas: alivio, pero también rabia por los años sin entenderte.
Es una reacción **legítima**. Y, a la vez, el diagnóstico abre una puerta: entender por qué ciertas cosas te costaban tanto **no era falta de voluntad**, sino una forma distinta de funcionar.
A partir de ahí, es posible buscar apoyos, ajustes y, cuando procede, tratamiento. Nunca es tarde para **dejar de pelear a ciegas**.
Fuentes
- Guías clínicas de referencia sobre TDAH a lo largo de la vida, que reconocen las diferencias en la presentación entre sexos y el infradiagnóstico en mujeres.
- Manuales diagnósticos de uso internacional (clasificaciones de la OMS y de la Asociación Americana de Psiquiatría), como marco de los criterios y las presentaciones del TDAH.
- Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH) y asociaciones de personas con TDAH, por su material divulgativo y de apoyo.
- Literatura científica sobre diferencias de sexo y género en el TDAH, enmascaramiento y diagnóstico en la edad adulta.
Nota para el editor: sustituir por las referencias definitivas con título, autoría y año exactos antes de publicar.