Michael Phelps: el olímpico más laureado habla de su TDAH

El nadador Michael Phelps en los Juegos Olímpicos de Río 2016
Foto: Fernando Frazão/Agência Brasil, CC BY 3.0 BR, vía Wikimedia Commons

Quién es

Michael Phelps es un nadador estadounidense retirado de la alta competición. A lo largo de su carrera acumuló un número récord de medallas olímpicas, una cifra que lo convirtió en el atleta con más preseas de la historia de los Juegos.

Detrás de esos resultados hay años de entrenamiento, rutina y una relación muy particular con la disciplina. Y también algo que él mismo ha querido poner sobre la mesa: creció siendo un niño con TDAH, en una época en la que se hablaba mucho menos de ello que ahora.

Qué ha compartido públicamente

Phelps fue diagnosticado de TDAH siendo niño y no lo ha escondido: lo ha incorporado a su relato personal como parte de quién es. Su madre, Debbie, docente, ha contado en varias ocasiones cómo fue aquel proceso en la infancia y cómo la natación se convirtió en el espacio donde él lograba concentrarse.

En abril de 2017 grabó un vídeo para el Child Mind Institute, dentro de su campaña de salud mental, en el que habló con franqueza: «He convivido con el TDAH toda mi vida, y es algo con lo que sigo conviviendo». En ese mismo mensaje recordó que un profesor llegó a decirle que «nunca llegaría a nada» y subrayó el punto de inflexión que supuso pedir ayuda: «Cuando descubrí que estaba bien hablar con alguien y buscar ayuda, eso cambió mi vida para siempre».

Ha explicado también cómo el agua le ayudaba a ordenar la cabeza de niño —«sencillamente no podía estarme quieto»— y cómo la rutina del entrenamiento le dio estructura. A través de la Michael Phelps Foundation ha impulsado programas dirigidos a la infancia, con atención al bienestar y a niños y niñas con TDAH.

Lo importante para ti no es memorizar cada declaración, sino el mensaje de fondo que se repite: tener TDAH no le impidió llegar a lo más alto de su disciplina, y hablar de ello en voz alta ayuda a que otras personas dejen de vivirlo como un secreto.

Ese es, quizá, el aprendizaje más útil de una historia como la suya. El foco intenso que aparece cuando algo te apasiona, la energía que a veces cuesta canalizar, la necesidad de rutina y de objetivos claros… son rasgos que muchas personas con TDAH reconocen. Conviene recordar, además, que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, no una cuestión de falta de voluntad. Con el acompañamiento adecuado, esos rasgos dejan de ser un obstáculo y pasan a ser parte de tu manera de funcionar.

Si acabas de recibir tu diagnóstico, puede que sientas una mezcla de alivio y vértigo. Es normal. Ver que personas que admiras conviven con lo mismo que tú no cambia tu situación por arte de magia, pero sí te recuerda que no estás roto ni estás solo. Estás empezando a entenderte.

Fuentes